Mansaborá, la doncella encantada de Cáceres

La leyenda de la Mansaborá narra la reconquista cristiana de la ciudad de Cáceres el 23 de abril de 1229 a manos de las tropas del rey Alfonso IX de León.

En el siglo XIII, más concretamente en 1229, la ciudad de Cáceres se encontraba en manos moras. El ejército cristiano, a las órdenes de Alfonso IX de León se encontraba acampado en la Sierra de la Mosca y llevaba varios meses de asedio e intentos frustrados de asalto a la gran ciudad amurallada de “Qazrix” o “Hizn Qazris” (Cáceres). Cierto día, una embajada del ejercito cristiano se dirigió por voluntad real hacía el alcázar para llevarle una misiva al caíd, en ella se pedía su inmediata rendición, pero el caudillo andalusí no acepta su rendición y se niega a que Cáceres sea cristiana. Mientras los soldados cristianos entregaban la carta al caíd en uno de los salones del alcázar, en otra estancia cercana se encontraban una bella joven de aterciopelados ropajes y hermosos ojos negros, era la hija del caudillo andalusí, mujer por la que su padre sentía una especial predilección. Justo en el momento en el que el cortejo cristiano abandonaba el alcázar, la hermosa doncella mora y un joven capitán cristiano cruzaron sus miradas. Al momento quedaron enamorados el uno del otro. Justo antes de que la comitiva abandonase el palacio, una sirvienta de la joven, con mucha discreción, se acercó al soldado cristiano y le hizo entrega de un pañuelo de seda.

Ya de vuelta al campamento el joven soldado sacó el pañuelo de seda y de él cayó al suelo una nota:

“Al caer la noche dirígete solo a la fuente que se halla cerca de las huertas que hay fuera de la muralla, allí enséñale el pañuelo a la persona que encuentres y bajo juramento de no revelar el secreto, te acompañaran a mi presencia.” 

Al anochecer el capitán cristiano marchó al lugar indicado, nada más llegar le estaba esperando una dama y al mostrarle el pañuelo juró no revelar el secreto. Acompañó a la moza a una zona escondida entre gran maleza, allí la joven descubrió de entre la vegetación una puerta oculta. Recorrieron una sinuosa galería subterránea a la luz de una antorcha hasta que llegaron a los sótanos del alcázar, desde allí el joven fue conducido a los aposentos de la doncella. Nada más entrar en su habitación el corazón del soldado comenzó a latir rápidamente y esta le declaró su amor:

“Venid mi amado capitán, por vos palpita mi corazón y brillan mis ojos, por vos suspiro y gozo, por vos y para vos soy.” 

A partir de este momento, y noche tras noche ambos mantuvieron numerosos encuentros furtivos, dando rienda suelta así a su amor. Pasaron las semanas y en uno de estos pasionales encuentros la doncella le hizo entrega de la llave del pasadizo, no sin que antes le jurase amor eterno y completa discreción.

Pasaron los días y el joven se debatía entre el amor y el honor. Tras pensarlo concienzudamente pidió audiencia en privado con el rey Alfonso IX, al que le contó los hechos acaecidos y terminó rogándole:

“Solo una cosa os pido mi buen rey, que si por vos la ciudad es tomada, desposarme  yo deseo con mi amada, mas doncella mora es, mas cristiana de corazón yo la haré.” Y el rey le respondió: “Por mi palabra, que así se hará. Y testigo de vuestro enlace yo seré, y por vuestros favores como dote, riquezas y tierras os otorgaré. ” 

Puesto el asunto en conocimiento de los mandos del ejército cristiano rápidamente comenzaron a planear el asalto a la ciudad. La toma de Cáceres se produjo el 22 de abril de 1229. Esa noche, como maniobra de despiste, parte del ejército cristiano asaltaba un sector de la muralla mientras una tropa de élite se adentraba por el pasadizo subterráneo acompañada del joven capitán. Los soldados cristianos llegaron hasta el mismo corazón del alcázar sembraron el desconcierto en sus salones. Cogiendo desprevenido al ejército musulmán y terminaron tomando la ciudad.

Cuando el Caíd se enteró de la traición de su querida hija entró en cólera:

“Permita Alá, que mal fin tenga tu cuerpo. Yo te maldigo hija de mi sangre, que tu alma y quienes te ayudaron vaguen eternamente por estas tierras y no descansasen en paz. Así ha de ser hasta que Qazris vuelva a ser musulmana.” 

La joven fue arrojada junto a sus sirvientas por los pasadizos del alcázar, nada se volvió a saber de la joven ni de su séquito desde esa misma noche. La leyenda cuenta que la hermosa mora continúa encantada tras la maldición de su padre y que sale la noche de San Juan (otros creen que la noche de San Jorge) junto a sus sirvientas y se pasean por el entorno de lo que hoy es la Casa de las Veletas (antiguo alcázar) convertidas en gallina y polluelos cacareando y lanzando profundos suspiros añorando la pérdida de su amor y esperando eternamente su desencantamiento. Cuenta la leyenda que el encantamiento desaparecerá cuando Cáceres sea recuperada por los musulmanes.

El pasadizo subterráneo, en el que transcurre la historia y bautizado como "de la Victoria", existe realmente, fue descubierto en 1942 por el director del Museo Provincial de Cáceres, Miguel Ángel Ortí Belmonte. La galería discurre desde la Torre del Gitano hasta la calleja situada entre el convento de los Padres Franciscanos y la Huerta del Tesoro. La entrada y salida de este túnel subterráneo actualmente se encuentra cegados.

gravatar

0 Comentarios

Deja tu comentario