Cabaloria, un pueblo fantasma

A escasos 300 metros de Las Hurdes, en la provincia de Salamanca, nos encontramos con lo que parecer ser una pequeña extensión hurdana que se adentra en la provincia Salmantina, allí bajo la calma y el sosiego podemos encontrar la alquería abandonada de Cabaloria o Cadalloria.

El nombre Cabaloria proviene de la unión de los términos "caven" y "valoria", aludiendo a la existencia en la zona de importantes minas de oro durante la época romana. Y es que durante aquella etapa esta zona vivió su particular fiebre del oro, los romanos encontraron importantes vetas y ubicaron aquí una próspera explotación minera. Cuentan que las pepitas encontradas aquí tenían un tamaño descomunal y eran enviadas directamente al César para enriquecer su patrimonio personal.

Con el paso de años, al caer Roma y siendo estas tierras ocupadas por nuevos pobladores la alquería pasó a denominarse Cadalloria, por aquellos entonces esta zona fue un foco de importantes disputas debido a la constante búsqueda de oro. Sobre el tamaño de las pepitas,  cuentan que, bastaba una sola para alimentar a una familia entera de por vida.

Con el paso del tiempo y los numerosos movimientos de tierra en búsqueda de este precioso metal comenzaron a acumularse sedimentos en las laderas del monte hasta dejar las minas sepultadas. A pesar de ello las personas mayores contaban que si uno se armaba de paciencia aún podía encontrar alguna diminuta pepita de oro entre las grandes que se ocultan bajo los sedimentos de la ladera. Con el paso de los siglos Cabaloria o Cadalloria dejó de remover tierra para buscar oro y pasó a ser una simple alquería agrícola y ganadera.

A mediados del siglo XVIII la población contaba con 10 vecinos, teniendo doce casas habitadas, cuatro cerradas y seis “casillas”.  En el primer tercio del siglo XIX la alquería llegó a tener 69 vecinos y en 1819 fue agregada al municipio de Sotoserrano. Sobre Cabaloria Pascual Madoz en su enciclopedia decía lo siguiente:

CABALORIA : ald. en la prov. de Salamanca , part. jud. de Sequeros, y dependiente en lodo de Soto-ser ra no (V.). SIT. á 1/2 leg. SE.de esta v. , en una hondonada, cercada por Ja parle del E. y S. de cerros de regular altura : tiene una fuente con el agua necesaria en todo tiempo , y pasa á 1/4 leg. déla ald. el r. Cuerpo de hombre.

El ocaso del municipio llegó con la construcción en los años 60, del pasado siglo XX, sobre el cauce del río Alagón del Embalse Gabriel y Galán. Aunque el vaso del pantano quedaba lejos de la población y jamás inundaría el municipio si lo harían sus tierras y serían expropiadas. Los cuarenta vecinos que quedaban en aquellos entonces, pidieron también la expropiación del pueblo. Con la inauguración del embalse en 1965 los vecinos abandonaron la alquería, algunos fueron reubicados en municipios próximos como Alagón del Caudillo y otros partieron hacia ciudades como Madrid o Bilbao.

Actualmente Cabaloria se reduce a un conjunto de casas en completas ruina, algunas aún conservar sus paredes, pero todas han perdido la cubierta. De la mayor parte de las edificaciones no quedan a penas en pie alguno de sus muros y la vegetación poco a poco va reconquistando el terreno que algún día perdió.

Pero eso no es todo, una oscura leyenda ronda esta alquería abandonada y dice lo siguiente:

A finales de 1977, una apacible mañana Pelayo Crisótomo un vecino del pueblo hurdano de Las Erías podaba cuidadosamente su pequeño olivar, en un momento un fuerte sonido de vendaval le hizo levantar la cabeza y pudo observar a lo lejos una gran turba de polvo envuelta con una gran luz que empezó a aproximarse a él y a envolverlo todo. Pelayo muy asustado se quedó inmóvil, lejos de huir decidió echar su cuerpo al suelo y protegerse la cabeza con las manos. Mientras se acercaba el tornado notaba el sonido atronador del aire, sentía como el aire tiraba de su cuerpo y como se tragaba todo lo que encontraba a su paso. Tras pasar el vendaval, se incorporó y durante unos minutos se notó confuso, desorientado, no conseguía reconocer el lugar en el que se encontraba, ya no estaba en su olivar, sino rodeado de múltiples edificios ruinosos en un pueblo abandonado, era Cabaloria. Esta historia marcaría a Pelayo de por vida, ya que tras unos días dándole vueltas a su “misterioso viaje” y como una oscura luz invisible pudo teletransportale durante 40 km terminó colgándose de un árbol y así quitándose la vida.

Fuente: El Paraíso Maldito / Iker Jiménez
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