• La venganza de un morisco

    Sobradamente sabían ambos lo que iba a ocurrir, no dijeron ni una palabra, de repente sonaron los aceros tan rápidos y vengativos que cuando los caballeros reales del alcázar quisieron acercarse para ver lo que ocurría sólo pudieron contemplar la espada de don Ramiro hundida hasta la empuñadura en el pecho de don Felipe.