Rosaura "La Bella"

Rosaura era una bella joven perteneciente a la alta alcurnia trujillana, hija del ilustre don Diego de Castro y de doña Isabel de Mendoza era, por su hermosura, la envidia de todas las mujeres de Trujillo. A sus quince años, se la solía ver bajar desde su casa en lo alto de la villa y pasar por el arco de Santiago cuando iba a rezar a la iglesia de Santa María.

Junto a su lujoso palacio se encontraba la casa de un apuesto y humilde galán hijo de un pobre labrador trujillano. Tras varios cruces de miradas y alguna breve conversación la chispa del amor saltó en sus corazones. Se amaban con locura y comenzaron a verse en secreto, pero pronto se dieron cuenta que demasiadas miradas indiscretas estaban puestas sobre los dos en Trujillo. Cierto día la joven le propone al galán que la rapte para poder huir juntos y ser felices en algún lejano lugar.

El caso es que una noche, el galán junto a un primo suyo y confidente de su amor, raptaron a Rosaura y pusieron dirección a Sierra Morena, asilo por aquellos entonces de bandoleros. La joven escapó de casa con una importante cantidad de joyas que les permitiría vivir sin demasiadas estrecheces. Durante el camino el primo poco a poco fue convenciendo al joven galán de que podrían apropiarse de las joyas que la joven y huir muy muy lejos.

No sabemos en que momento el joven enamorado dio su consentimiento pero el caso es que tras cinco largas jornadas caminando llegaron a Sierra Morena. Allí en mitad de un monte, le robaron joyas y comportándose como auténticos animales la violaron, por más que rogó y suplicó no tuvieron compasión de ella. Una vez perpetrados los hechos delictivos el primo del joven la terminó de desnudar y la ató por sus manos ensangrentadas a un roble con el fin de rematarla, pero el galán intercedió por la vida de la joven y convenció a su pariente para dejarla abandonada a merced de las fieras en lugar de asesinarla. Y así la dejaron, atada y desnuda, los jóvenes se marcharon con el botín y con la honra de la joven.

Pero quiso Dios que una horas más tarde un cazador que descansaba junto a un arroyuelo escuchara los ya débiles quejidos lastimeros de Rosaura y acudiera en su auxilio. Al acercarse el cazador, quedó mudo, absorto, no daba crédito a lo que sus ojos veían, una niña desnuda, ensangrentada con las carnes destrozada se encontraba atada a un árbol. Tras salir de su perplejidad sacó la navaja y cortó las cuerdas que la amarran al roble. Rosaura entre llantos le cuenta lo sucedido al cazador y éste quitándose la zamarra cubrió sus temblorosas y destrozadas carnes.

El cazador la monta en su caballo y por deseo expreso de la joven ponen rumbo a Córdoba, donde Rosaura conoce a Don Francisco de los Ríos, el sacerdote que la bautizó. Al explicarle la joven lo sucedido, el religioso herido de rabia pone rumbo a Trujillo para explicar la deshonra al padre de Rosaura, don Diego de Cas­tro. Conocedor de los hechos el noble y ebrio de venganza, fue a ver al Corregi­dor para pedir justicia para su hija. Como solía ocurrir con este tipo de delitos y sobre todo cuento era el pueblo llano el autor la justicia actuaba de forma rápida y eficaz. Tras unos días de investigación los jóvenes fueron apresados y condenados a muerte:

 

"Al instante los prendieron,

y sentenciada la causa,

el juez, con recta justicia

a muerte los condenaba.

Los meten en la capilla,

y llorando al cielo claman,

pidiendo misericordia

a la Virgen soberana.

Los sacaron de la cárcel

pregonando por las plazas,

diciendo: -Esta es la justicia

que por las leyes se manda

ejecutar con los reos

por su delincuente infamia.

Ya los suben al suplicio,

y el verdugo se prepara,

y una muerte afrentosa

a Dios, entregan su alma". 

¡Hermosa. Rosaura!

¡¡Pobre Rosaura!!

¡¡¡Infeliz Rosaura!!!

Fuente: Leyendas Extremeñas / José Sendín Blázquez
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