La Torre Sangrienta de Jerez de los Caballeros

La Orden del Temple o de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón fue fundada en Jerusalén en el año 1118 con el objetivo de proteger las vidas de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén. Fue una de las más famosas órdenes militares cristianas de la Edad Media y se mantuvo activa durante poco menos de dos siglos. Con el paso del tiempo esta enigmática y controvertida comunidad de monjes-guerreros se fue convirtiendo en una organización muy poderosa, con unas estructuras jerárquicas, financieras y militares muy sólidas. El hecho de que dependieran únicamente y en última instancia del Papa hizo que prestaran ayuda también a los reinos cristianos de la Península Ibérica en su particular Cruzada contra los árabes.

A comienzos del siglo XIV, el monarca francés Felipe IV, debido posiblemente a las deudas contraídas por Francia con la orden, comenzó a realizar una terrible campaña de desprestigio, parece ser que pretendía eliminar a su acreedor y quedarse con las riquezas acumuladas por la orden en su nación. A partir de ahí, no sabemos si motivado por la decisión de Felipe IV, pero el caso es que en 1312 el Papa Clemente V decretó en el Concilio de Vienne la bula pontificia “Vox Clamantis” por la que se ordenó disolver la Orden Militar del Temple.

Los caballeros templarios fueron acusados, parece ser que de forma injusta, de graves delitos de herejía, idolatría y malas prácticas, acusaciones que no creyeron en los reinos cristianos de la Península Ibérica. Pero, en cualquier caso, las distintas encomiendas o bailiatos se vieron obligados a acatar la bula papal y renunciar a la Orden entregando sus tierras y armas bajo amenazas de muerte. A pesar de que los caballeros templarios consideraron falsas estas acusaciones la mayor parte de ellos confesó su culpa para librarse de la hoguera con la que los amenazaba la Santa Inquisición

Pero no todos sus miembros admitieron su culpabilidad y renunciaron a la orden, concretamente en la Encomienda de Jerez de los Caballeros un reducido número de bravos caballeros templarios se hizo fuerte en el castillo y se negó a renunciar a la Orden. No podían romper el juramento que habían realizado de lealtad eterna al Temple y decidieron defender el sitio hasta la muerte.

Los caballeros con su último comendador al frente, Fray Juan Bechao aguantaron durante días el asedio al castillo de las tropas reales, pero debido a que eran inferiores en número fueron acorralados en uno de los baluartes de la muralla, en la Torre del Homenaje. En este bastión, cuentan que fueron vencidos “Los Últimos templarios”, unos murieron en el fragor de la batalla mientras otros como Bechao fueron encerrados en la cámara de una de las torres del castillo para ser posteriormente decapitados y arrojados sus cuerpos al vacío desde las almenas, aquel trágico día un caudal de sangre tiñó el perímetro de la atalaya.

Los muros de esta torre fueron testigos de la sangre derramada de estos monjes-guerreros y se comenzó a forjar la oscura leyenda negra en torno a este lugar. Desde entonces, la Torre del Homenaje del castillo Jerezano se conoce como la Torre Sangrienta. Todos los caballeros que murieron aquel trágico día, previamente habían jurado en nombre de Dios y del Templo de Salomón que volvería a galopar en sus caballos hacia los Santos Lugares. Desde entonces, según cuenta la siniestra leyenda, este lugar permanece encantado por el espíritu de los antiguos templarios y que en las noches sin luna, al dar las doce, las almas de los caballeros regresan de la muerte, vistiendo túnicas blancas y enfundados en sus armaduras alzan la espada de Damasco dispuestos a acudir a Tierra Santa para participar en las cruzadas, tal y como juraron en vida. Lo cierto es que nadie los ha visto jamás, pero dicen que se les oye silbar, silbidos de ultratumba con los que llaman a sus caballerías. Estos silbidos resuenan en las almenas del castillo con un eco estremecedor, incluso algunos dicen haber oído el relincho de los corceles y el sonido de las armas y armaduras al ser ajustadas. Pero lamentablemente para los caballeros, al amanecer llega el silencio, la “Santa Compaña Templaria” se retira a los sótanos de la Torre Sangrienta, entristecida porque los caballos no han acudido a su llamada y no han sido capaces de cumplir su juramento.

Esta leyenda también es conocida como la de "Los tristes silbidos".

Temática Crímenes
Fuente: Extremadura Misteriosa / José Manuel Frias
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