El ‘Ensotanado’ de Garganta la Olla

Corría el año 1948, cuando el cabrero de 58 años, José Pancho Campo, se topó de lleno con el misterio mientras se encontraba solo en mitad de la sierra. José se encontraba una tarde otoñal cuidando su rebaño de cabras en la finca conocida como “La Casilla” cercana a Garganta la Olla.

Aquella tarde unos oscuros nubarrones se adueñaron del cielo, de un momento a otro parecía que se iba a desatar una tormenta, pero José confió en que el cielo le diese una tregua para regresar al pueblo, pero no fue así y de repente comenzó a llover intensamente y a soplar con fuerza el viento, el ganganteño tras encerrar las cabras corrió a refugiarse en la cabaña. Había anochecido ya y el sonido de la lluvia y el viento parecían ser sus únicos compañeros por lo que José se dispuso a encender una lumbre, viendo que debería pasar la noche allí.

De repente una especie de murmullo que provenía de fuera de la casa llamó su atención, al abrir la puerta de su choza vio a varios metros de él en mitad de la oscuridad de la noche lo que parecía ser un grupo de monjas que murmuraban, rezaban ó se lamentaban del frío. De de repente una de las religiosas se acercó a la puerta donde se encontraba José y entró en la casa sin decir una sola palabra, la preguntó a donde iba y que estaba buscando, pero la religiosa no contestó, a pesar de ello, el garganteño la invitó a sentarse y calentarse junto a la lumbre, no pudo verle la cara pues llevaba una capucha que le cubría todo el rostro. Se le debió helar la sangre, mientras se encontraba agachado atizando el fuego, al ver junto a él, las pezuñas de un chivo, al levantar la mirada pudo comprobar como las extremidades pertenecían a la extraña religiosa. Muerto de miedo, a José se le escapó un “¡Jesús!” que produjo la espantada de aquella siniestra mujer de la cabaña.

Otra versión contada, esta vez, por el investigador Juan José Benítez cuenta que mientras José se encontraba encendiendo la lumbre un ser muy alto y vestido de negro se presentó en la cabaña llamando a la puerta, este misterioso personaje cruzó el umbral sin pronunciar una sola palabra. Similar fue la visión de las pezuñas de chivo, pero esta vez pertenecientes al misterioso personaje, de la misma forma, un “¡Jesús!” fue lo que produjo la espantada de aquel gigante de ropajes largos y oscuros, tampoco le pudo ver el rostro debido a los largos y oscuros ropajes que vestía.

Según contaron los vecinos, aquel hombre alto, duro y fuerte curtido en la montaña, bajó al día siguiente caminando hacia el pueblo, pero desde aquella noche nada volvió a ser igual para José, posteriormente aseguró que lo que había visto en la choza era al mismísimo diablo.

Fuente: Extremadura Misteriosa / José Manuel Frias
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