El ángel anunciador de Garganta la Olla

Corría el mes de noviembre del año 1993, en aquellos tiempos Antonio Antonio Higuero era el entrenador de un equipo de fútbol sala de Valencia de Alcántara. Todas las semanas recorría los 13 kilómetros que separan la población de la vecina San Vicente de Alcántara para disputar un campeonato comarcal.

Una fría noche de noviembre, tras haber terminado un partido, regresaba a Valencia de Alcántara junto al jugador y conductor del coche, Mariano Rivero, circulaban por la EX-100 en un Ford Fiesta. No habían recorrido más de dos kilómetros, cuando Antonio percibió en el margen izquierdo de la carretera una extraña luz, que en un principio asoció con una estrella, pero fijándose detenidamente se dio cuenta de que aquello no se correspondía con ningún astro que jamás hubiera visto.

Un insólito objeto de unos 15 o 20 metros con forma de zeppelín desprendía una extraña luz anaranjada tenue, la parte baja de este misterioso artefacto parecía estar formada por una extraña plataforma metálica ovalada. Parecía una nebulosa, como si estuviese formado en su mayor parte por una especie de materia gaseosa. Se desplazaba a varios cientos de metros del coche cerca del suelo, como a unos 8 metros de la superficie en el mismo sentido que el vehículo.

Durante el trayecto recorrido había estado imitando todos los movimientos del vehículo, circulando a la misma velocidad, girando y atravesando cambios de rasante tal y como hacía el automóvil. El enigmático objeto esquivaba hábilmente los árboles y montañas que encontraba a su paso, parecía un objeto inteligente. Mariano y Antonio se encontraban aterrados, la confusión se adueño de ellos, durante el tiempo que llevaban acompañados por el extraño objeto habían perdido la noción del tiempo, no sabían donde se encontraban ni cuanto faltaba para llegar a Valencia de Alcántara. Para más temor aún, el objeto dejó de repetir los movimientos del coche y comenzó lentamente a tomar altura hasta colocarse delante de ellos precediéndolos a su misma velocidad.

De repente divisaron el cruce de esta carretera (EX-110 ) con la Nacional 521, ya se encontraban cerca de Valencia de Alcántara. Justo antes de llegar a la intersección el objeto comenzó a descender aproximándose al vehículo, el pánico se apoderó de ellos. Pero en ese mismo instante se acercó en sentido contrario una moto con las luces largas, al girar ésta en el cruce enfocó al objeto que rápidamente se elevó poniendo rumbo hacia el pueblo. Se alejó pero no se fue, permaneció inmóvil sobre una ermita de la localidad durante unos minutos. Mariano y Antonio pararon en el cruce y descendieron del coche para observar desde lejos aquel extraño objeto, se mantenía suspendido sobre el templo, como observándolos. En ese preciso instante se acercó otro coche, en él venían el hijo de Antonio y otros cuatro jugadores del equipo, todos afirmaron haber visto una extraña luz anaranjada que realizaba movimientos extraños. Permanecieron unos segundos mirando aquello hasta que el objeto comenzó lentamente a tomar altura y desapareció en lo oscuro del firmamento.

Pasados unos meses desde el suceso, Antonio y Mariano volvieron a tener otro insólito encuentro con un OVNI. Concretamente en febrero de 1994, Antonio se encontraba una tarde junto a su esposa Milagros Laínsar en la azotea de su casa de Valencia de Alcántara. Cuando de repente ambos vieron en un descampado cercano un extraño objeto circular de color anaranjado que permanecía suspendido, de el surgían pequeñas esferas luminosas que entraban y salían una y otra vez del objeto circular. Rápidamente recordó el suceso vivido unos meses atrás y en ese preciso instante el teléfono sonó, era Mariano, que también había visto aquella extraña luz y llamaba a Antonio para contárselo.

Curiosamente en este último avistamiento solamente hubo tres testigos, a pesar de lo llamativo del objeto, parecía como si aquella extraña luz hubiera decidido presentarse únicamente frente a ellos como queriendo comunicarles algo.

Fuente: Extremadura Misteriosa / José Manuel Frías
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